La Nueva Mente

Un Mismo Amor

                                                                                Historias

Barrera Mental

Durante más de cinco décadas de competencia olímpica, ningún atleta había podido acercarse a la marca impuesta en 1903 para la carrera de la milla. En aquella ocasión Harry Andrews, entrenador olímpico del equipo británico había profetizado: "el récord de la milla de 4minutos, 12.75 segundos, nunca será superado".

Existían aún menos posibilidades de correr algún día dicha carrera en menos de cuatro minutos. De acuerdo a muchos, esa era una hazaña imposible de realizar.

Los atletas escuchaban de los "expertos" una multitud de razones que respaldaban la afirmación hecha por Adrews. Inclusive la comunidad médica advertía a los atletas sobre los peligros asociados con intentar la absurda proeza de correr una milla en menos de cuatro minutos. Como resultado de esta creencia, en los siguientes cincuenta años los mejores atletas del mundo llegaron muy cerca de este récord, pero ninguno logró superarlo. ¿Por qué? Porque los médicos habían dicho que era imposible. Los científicos opinaban lo mismo y afirmaban que el cuerpo no soportaría tal esfuerzo y que el corazón literalmente podría explotar.

Todo cambió el día en que el joven corredor británico Roger Banniser hizo un anuncio público: Él correría la milla en menos de cuatro minutos.

En realidad, la decisión de lograr tal hazaña era algo que le venía dando vueltas en su cabeza desde dos años atrás. En 1951, Roger había capturado el título británico en la carrera de la milla y sintió que estaba preparado para la competencia olímpica. Infortunadamente, cambios de último minuto en el horario de las competencias de los Juegos Olímpicos de 1952 lo forzaron a competir sin suficiente descanso entre sus dos eventos y terminó en cuarto lugar. Como era de esperarse, el joven atleta debió soportar todas las críticas de la prensa deportiva británica quien culpó su estilo de entrenamiento poco ortodoxo por su pobre actuación.

Al escuchar esto, el joven atleta resolvió reivindicar su nombre anunciando públicamente que romprería la aparentemente imposible barrera de los cuatro minutos. Todo el mundo pensó que había perdido la razón, desde la prensa deportiva hasta la comunidad médica.

Su oportunidad llegó el seis de mayo de 1954, después de varias caídas y decepciones. En la Universidad de Oxford, Roger logró lo imposible, corrió la milla en menos de cuatro minutos y sobrevivió. El mito se había roto.

Cuando esta noticia le dio la vuelta al mundo algo sorprendente sucedió. En menos de un año, 37 atletas ya habían superado esta misma marca. El siguiente año, más de 300 atletas registraron marcas por debajo de los cuatro minutos. Hoy, inclusive estudiantes de escuela secundaria rompen con facilidad la marca de los cuatro minutos para la carrera de la milla.

Cuando le preguntaron a Bannister cómo era posible que tantas personas hubiesen aprendido a correr tan rápido en tan poco tiempo, él respondió: "Nada de esto ocurrió porque de repente el ser humano se hubiese convertido en un ser más rápido, sino porque entendió que no se trataba de una imposibilidad física sino de una barrera mental". Lo único que hicieron estos atletas fue desalojar de su mente las creencias limitantes que los habían detenido para utilizar su verdadero potencial durante más de cinco décadas.

Muchos de nosotros, con frecuencia, somos víctimas de las influencias negativas de otras personas, aceptamos su programación negativa sin cuestionamientos. Al hacer esto, permitimos que otros siembren en nuestra mente falsas creencias que nos limitan física, emocional e intelectualmente.

Todos tenemos muchas de estas barreras mentales. Muchos de nosotros simplemente decidimos deshacernos de ellas en algún momento a lo largo de nuestra vida, con la esperanza de descubrir nuestro verdadero potencial. Tú puedes hacer lo mismo.

Cambia la imagen de ti mismo y cambiarás tu destino.

En cierta ocasión un huevo cayó del nido de una imponente águila que anidaba muy cerca de una granja. El huevo rodó hasta parar  cerca de un gallinero. El granjero tomó el huevo y lo colocó en el nido de una  sus gallinas, creyendo que era de allí.

El aguilucho nació en medio de aquel gallinero y como cualquier animal, comenzó a actuar de acuerdo con lo que veía a su alrededor. No intentó volar como debería haberlo hecho, y al ver que su supuesta madre no le traía comida, comenzó a escarbar en la tierra en busca de insectos y comenzó a comer semillas y granos, tal como lo hacían los demás poluellos.

Con el tiempo, aquel aguilucho terminó actuando tal como lo haría cualquier gallina, a pesar de sentir cierta aflicción cuando en ocasiones veía a las otras águilas que volaban cerca del gallinero.

Entonces, el águila comenzó a cuestionar a las demás gallinas acerca de por qué ellas no volaban por los aires al igual que otras aves. Pero las gallinas burlonamente le reprochaban esas absurdas ideas y le decían que debía comportarse como una gallina normal. Pronto abandonó sus locas ideas y continuó compotándose como cualquier gallina normal.

En otras palabras, sucumbió ante la influencia de su entorno.

Con el tiempo, sus alas se atrofiaron, perdió la ilusión de volar y muy pronto era una más de las gallinas que habitaban aquella granja.

No obstante, algo continuaba inquietando a aquella águila. Algo en su interior le decía que ella era distinta a las demás gallinas, que estaba bien querer volar, que no era una idea tan alocada como el resto de las gallinas parecía pensar, que era posible, que valía la pena intentarlo.

Por primera vez se le ocurrió que quizás ella era una gallina especial o quizás no era una gallina, sino una de esas hermosas aves que volaban por los cielos, con impotencia y alcurnia. Un día subió hasta la cima que se elevaba cerca del gallinero para lanzarse al vacío y probar de una vez por todas que su idea no era tan absurda como parecía.

Al lanzarse al vacío sus alas atrofiadas por falta de uso, no le permitiron volar como ella lo había visto hacer a las demás águilas y después de un corto e inadecuado vuelo cayó a tierra, cerca del gallinero donde se había criado.

Al ver esto, algunas gallinas comenzaron a burlarse, mientras que otras le reprocharon aquella absurda aventura que pudo haberle costado la vida. Y la invitaron una vez más a olvidarse de aquella locura de querer volar y aceptar sus limitaciones con resignación.

Decepcionada por su fallido intento y temiendo nuvas recriminaciones o burlas de las demás gallinas, la joven águila volvió a su vieja vida junto con las demás gallinas y nunca más intentó volar.

Si aquella inexperta águila se hubiera aventurado una, dos o tres veces más a intentar de nuevo su vuelo, seguramente poco a poco habría desarrollado el potencial que siempre encontró dentro de ella, pero se dió por vencida demasiado rápido.

Recuerda: siempre es demasiado pronto para renunciar a tus sueños, ya que éxito puede encontrarse a la vuelta de la esquina

 

La actitud

Hace mucho tiempo, una joven China llamada Li se casó y fue a vivir con el marido y la suegra. Después de algunos días, no se entendía con ella. Sus personalidades eran muy diferentes y Li fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron y Li y su suegra cada vez discutían más y peleaban.

De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo. Li, no soportando más vivir con la suegra, decidió tomar una decisión y visitar a un amigo de su padre. Después de oirla, él tomó un paquete de hierbas y le dijo: "No deberás usarlas de una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello causaría sospechas. Debes darle varias hierbas que irán lentamente envenenando a tu suegra. Cada dos días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable. No discutas, ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda: tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones". Li respondió: "Si, Sr. Huang, haré todo lo que me pide". Li quedó muy contenta, agradeció al Sr. Huang, y volvió muy apurada para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra. Pasaron las semanas y cada dos días, Li servía una comida especialmente tratada a su suegra.

Siempre recordaba que debía evitar sospechas, y así controló su temperamento, obedecía a su suegra y la trataba como si fuese su propia madre. Después de seis meses, la casa entera estaba completamente cambiada. Li había controlado su temperamento y casi nunca aborrecía a su suegra.

En esos meses, no había tenido ni una discusión con ella, que ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar con ella. Las actitudes de la suegra también cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija.

Un día Li fué nuevamente en procura del Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo:

"Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer muy agradable y la amo como si fuera mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le dí". El Sr. Huang sonrió y señaló con la cabeza: Sra. Li, no tiene por qué preocuparse. su suegra no ha cambiado, la que cambió fué usted. Las hierbas que le dí, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en su mente, en su actitud, pero fué echado fuera y sustituído por el amor que pasaste a darle a ella". En China existe un adagio que dice: "La persona que ama a los otros, también será amada". La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso ten cuidado!!

 Acuérdate siempre: El plantar es opcional, pero la cosecha es obligatoria.

Sé como la liebre

Un día, una joven dando un paseo por el monte, vió sorprendida que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido que no podía valerse por sí mismo. Le impresionó tanto el ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre  dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.

Pasaron los díias y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirada por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: -"No todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosoros, son capaces de ayudarse de ese modo, mucho más lo haremos las personas."

Así que la joven decidió rehacer la experiencia... se tiró al suelo, simulando que estaba herida, y se puso a esperar que pasara alguien y la ayudara. Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Siguió así durante todo el día siguiente... y el siguiente...

Ya se iba a levantar, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, cuando sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo y la tristeza del abandono.

Su corazón estaba devastado, ya casi no tenía fuerzas para levantarse, entonces allí, en ese instante oyó...

¡Con qué claridad, qué hermoso! era una voz, muy dentro de ella, que decia:

   -"Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad...

deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre."